Autores: Jorge Arévalo y Laura Rodríguez
Cuando arranca un proyecto, lo primero que se nos pasa por la cabeza es: cuanto antes empecemos a producir, mejor. Hay plazos, hay entregas, hay nervios. Pero esa urgencia por meterse en faena, aunque nace de buena intención, puede acabar jugando una mala pasada.
Entre que se publica el proyecto y el momento en que empezamos a redactar documentos, grabar vídeos o diseñar páginas web, hay tiempo que solemos comprimir demasiado. En Gestión de Proyectos a esta etapa la llaman etapa preconstitucional, y se le asigna una dedicación estimada de unas tres horas de trabajo fuera de clase.
Parece mucho, pero nuestra experiencia y la de otros equipos, apunta a que esas tres horas mal aprovechadas pueden costarte mucho más tiempo después.
Hay dos lecciones aprendidas que nos parecen remarcables: la importancia de leer toda la documentación antes de empezar a producir, y la de tener preparada una herramienta de seguimiento desde el mismísimo día uno.